Diez cosas que hay que saber sobre los católicos hispanos

Por Tim Matovina, director ejecutivo del Instituto de Estudios Latinos de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana.

La creciente presencia de los hispanos está transformando la vida católica en los Estados Unidos. Aquí presentamos 10 factores básicos que muchos católicos no saben de las personas que ahora constituyen más de la tercera parte de la iglesia en los Estados Unidos.

 

  1. Los hispanos fueron los primeros católicos en lo que es ahora Estados Unidos.

Los católicos de habla hispana han vivido en lo que ahora es Estados Unidos por el doble de tiempo de lo que ha existido la nación. La primera diócesis en el Nuevo Mundo se estableció en 1511 en San Juan , Puerto Rico, que es ahora territorio asociado a los Estados Unidos. Católicos súbditos de la Corona española fundaron el primer establecimiento europeo dentro de las fronteras actuales de los 50 estados en San Agustín, Florida, en 1565, cuatro décadas antes del establecimiento de la primera colonia británica en Jamestown. En 1598 súbditos españoles atravesaron lo que es hoy El Paso, Texas, y subieron hacia el norte, donde establecieron la primera base del catolicismo en lo que es ahora el Sudoeste.

A causa de esta presencia continuada, el primer gran grupo de hispanos católicos se convirtieron en parte de los Estados Unidos sin salir de su hogar, ya que fueron incorporados en las fronteras durante la expansión territorial de Estados Unidos en la Florida y luego hacia el Oeste.

Católicos hispanos se establecieron en Nacogdoches, Texas, en 1716. En 1834 un protestante recién llegado asesinó al párroco católico, el Padre José Antonio Díaz de León, aunque un juez anglo lo exoneró de cargos aduciendo una defensa ridícula de que el respetado sacerdote se había suicidado. Los nuevos colonizadores estadounidenses sacaron a muchos residentes mexicanos de sus tierras y quemaron la por completo la iglesia católica.

Sin embargo, cuando después de 13 años del asesinato por fin llegó un sustituto para el P. Diaz de León, el nuevo sacerdote se sorprendió al ver que durante todos estos años los católicos mexicanos habían seguido reuniéndose en casas privadas para el culto dominical, para las fiestas y la catequesis de sus hijos. Tales ejemplos de la fe y perseverancia de los hispanos en el territorio conquistado están entre los capítulos más ignorados de la iglesia católica en Estados Unidos.

  1. Los hispanos son un grupo diverso.

Un número cada vez más numeroso de hispanos es parte de la clase media o alta, pero la mayoría son población pobre o trabajadora que se enfrenta a problemas diarios, tales como la falta de oportunidades en educación y empleo, un cuidado de salud inadecuado, y una tensión general sobre la cohesión de la familia y el bienestar personal.

Las diferencias regionales y generacionales contribuyen aún más a la enorme diversidad entre los hispanos católicos, así como los orígenes nacionales de los que vienen ellos o sus antepasados. Hoy día el español es el idioma primario en 22 países, y todos ellos tienen compatriotas que viven en Estados Unidos, el segundo país más grande de hispano parlantes en el mundo.

Aproximadamente dos tercios de los 50 millones de hispanos en Estados Unidos son mexicanos, pero también hay cantidades significativas de puertorriqueños, cubanos, dominicanos, y centroamericanos, junto con algunos sudamericanos y un creciente número de personas de descendencia mezclada. Los líderes pastorales tienen que ser conscientes de las distintas tradiciones religiosas, las costumbres, e incluso las diferentes palabras en español de estos grupos hispanos.

En la parroquia de Santa Cecilia de Nueva York, durante los años 90, cuando empezaron a llegar inmigrantes mexicanos y pusieron a la Nuestra Señora de Guadalupe en un nicho dentro de la iglesia, sus compañeros feligreses pusieron presión para que sus patronas también estuvieran representadas. Los puertorriqueños honraron a su patrona, Nuestra Señora de la Providencia, y los ecuatorianos a la Virgen del Cisne.

Su párroco sabiamente supo conducir este “interés renovado” en las patronas, como medio de construir unidad y un mayor sentido de pertenencia entre todos los feligreses. Un liderazgo pastoral eficaz así es necesario para enfrentar el potencial de rivalidad étnica, especialmente cuando un grupo hispano es numéricamente mayor que otros.

  1. La mayoría de los hispanos no son inmigrantes.

La inmigración es un tema candente para muchos americanos, incluyendo los católicos. Entre nuestros obispos, la inmigración es el tema social que atrae la respuesta más consistente a través de regiones y distintas perspectivas teológicas, complementando la más frecuente defensa del derecho a la vida que hacen los obispos. El arzobispo José Gómez de Los Angeles refleja la opinión de muchos en su afirmación de que la inmigración es “la prueba de los derechos civiles más grande de nuestra generación”.

Sin embargo, la mayoría de los latinos—casi un 70% según el censo de 2010—no es inmigrante. Los debates sobre la inmigración, con lo esenciales que son, a menudo nos ciegan a la realidad demográfica abrumante de la transición generacional hispana: en las próximas tres décadas, el número de los hispanos de tercera generación se triplicará, la segunda generación será el doble y el porcentaje general (aunque no necesariamente los números fríos) de la primera generación de inmigrantes, descenderá. Los hispanos son un grupo muy joven comparado con el resto de la población de Estados Unidos y ya constituyen más de la mitad de los católicos de menos de 25 años de los Estados Unidos.

La transición de inmigrante a nativo en Estados Unidos, o de las generaciones ya educadas aquí está en el núcleo del desafío evangelizados entre los hispanos. A medida que empiezan a sobrepasar la a menudo limitada educación formal de sus padres o abuelos, los jóvenes hispanos necesitan una catequesis que implique sus mentes así como sus corazones.

La gran mayoría de los jóvenes hispanos hablan inglés con fluidez, lo que en muchos casos causa dificultades de comunicación con los padres que hablan solo español. A menudo la fe de sus antepasados no responde adecuadamente a la realidad compleja del mundo en que viven los jóvenes. Necesitan formación en la fe católica y sus enseñanzas que responda a esa realidad y al mismo tiempo se asiente en las tradiciones religiosas de sus mayores.

Mientras que los inmigrantes y sus necesidades son urgentes, la transmisión de la fe católica a los jóvenes hispanos es una prioridad aún más urgente para toda la iglesia católica de Estados Unidos. El modo en que respondamos a tal prioridad hoy en las escuelas católicas, los programas catequéticos y los ministerios juveniles determinará en gran manera lo que será nuestra iglesia el día de mañana.

  1. Los hispanos tienen una devoción profunda a Jesús y a su presencia eucarística.

La mayoría de los católicos de Estados Unidos son conscientes de la devoción hispana en santuarios famosos como el de Nuestra Señora de Guadalupe. Muchos menos son conscientes de que casi la mitad de los santuarios dedicados a imágenes milagrosas en el México colonial se enfocan en la imagen de Cristo.

Las tradiciones hispanas durante las épocas de Adviento y Navidad les permiten acompañar a María y José en su camino al lugar de nacimiento de Jesús en Belén (posadas), colocar al niño Jesús en la cuna (acostada del Niño), dar culto ante el Nacimiento, hacer procesiones con los santos reyes y, especialmente en la comunidad puertorriqueña, honrar a familiares y amitos con una visita coral de sorpresa (parrandas).

Los latinos también acompañan a Jesús en el Viernes Santo en el Via crucis, las últimas siete palabras, su entierro y en un servicio de vigilia en el que se le recuerda y se consuela a su madre dolorosa (pésame).

Los obispos de Estados Unidos ofrecieron una profunda reflexión sobre tales devociones en su carta pastoral de 1983, La Presencia Hispana: Desafío y Compromiso: “La espiritualidad hispana pone un fuerte énfasis en la humanidad de Jesús, particularmente cuando este aparece como débil y sufriente, como en la cuna y en su pasión y muerte”.

El deseo de un contacto íntimo con Jesús también se pone en evidencia en la devoción hispana al Santísimo Sacramento. Tanto si es en una procesión de Corpus, en el monumento del Jueves Santos, durante la adoración nocturna, o en una sencilla visita al santísimo en la parroquia, muchos hispanos tienen un sentido agudo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía como Señor y hermano.

  1. Las culturas hispanas se centran en la comunidad.

Hay numerosos dichos o refranes hispanos que subrayan la convicción de que la gente se moldea profundamente y se conoce por sus relaciones. Por ejemplo, un dicho popular es díme con quién andas y te diré quién eres. Como me dijo una mujer hispana un día: “los hispanos no podemos conocer a alguien sin conocer a su familia. La primera pregunta que hacemos cuando nos presentan a alguien es “¿de dónde es usted? ¿Quién es su familia?”

Este enfoque, enraizado en la influencia católica en la vida y la cultura latinoamericana por muchos siglos, a menudo se expresa en una solidaridad práctica como el que los hispanos abran sus hogares a otros, compartan lo poco que tienen, y su preocupación por el bienestar de la familia, amigos, e incluso forasteros. También se expresa en la alegría, espontaneidad y cariño de los hispanos, que enriquecen los eventos parroquiales y el culto en muchas de las congregaciones católicas de Estados Unidos.

Las expresiones de fe de los hispanos están inspiradas en esta comprensión de la persona humana centrada en la comunidad. Frente al énfasis en el individualismo de las culturas modernas, las devociones hispanas subrayan las relaciones, como las de Jesús y María. La presencia de Jesús y María en los ritos hispanos tradicionales del Viernes Santo, por ejemplo, revela el amor mutuo entre madre e hijo que no puede romper la muerte. Jesús y María caminan juntos en su hora más dura, mientras que los devotos caminan con ellos e imitan ritualmente lo que hicieron madre e hijo en ese primer via crucis en Jerusalén.

El teólogo Roberto Goizueta dice que sus oraciones expresan una “teología de acompañamiento”: los devotos hispanos acompañan a Jesús y a María en oración con una confianza inquebrantable en que su salvador y su madre amorosa también los acompañará en sus vidas y luchas diarias. Esta dimensión comunitaria de la oración hispana lleva a celebrar la Eucaristía como comunión entre Dios y toda la humanidad y por tanto es especialmente importante para los sacerdotes, diáconos y otros líderes litúrgicos que dirigen a los hispanos en el culto sacramental.

  1. Los hispanos fundaron el movimiento de retiros más influyente del país.

Eduardo Bonín y otros laicos de Mallorca, España, establecieron el Cursillo de Cristiandad poco después de la Segunda Guerra Mundial. En 1957 dos de sus compatriotas destinados a la base militar de Waco, Texas, colaboraron con el sacerdote local, el P. Gabriel Fernández para dirigir el primer fin de semana de Cursillo en Estados Unidos. Cuatro años más tarde, los miembros del equipo cursillista de otros fines de semana en español, llevaron a cabo el primer cursillo en inglés.

Para el año siguiente, los cursillistas habían dirigido retiros en lugares como San Francisco, Chicago, Detroit, Cincinnati, Baltimore, Boston, entre otros. Durante las dos siguientes décadas, casi todas las diócesis de Estados Unidos introdujeron el movimiento de cursillos, impactando, literalmente, a millones de católicos de diversos orígenes.

A medida que se extendió el cursillo, aparecieron diversos programas de retiros que imitaban de cerca sus dinámicas: Teens Encounter Christ (TEC), Búsqueda, Kairos y Cristo renueva su parroquia, y el camino de Emaús protestante y los retiros de jóvenes entre otros. Así que el cursillo hispano tuvo un impacto enorme en otros católicos e incluso en protestantes, haciéndolo en movimiento de retiro de fin de semana más influyente en estados Unidos.

  1. Los hispanos fueron pioneros del modelo de organización comunitaria basado en la fe

Mientras que los afroamericanos forjaron la implicación de la iglesia en la transformación social a través del movimiento de derechos civiles, el modelo organizativo de Saul Alinsky, desarrollado en su conocida obra en el vecindario de Empacadoras en Chicago a finales de los años 30, está considerado como el movimiento más influyente de los esfuerzos organizativos en Estados Unidos.

La primera organización comunitaria basada en la fe, hispana, las Comunidades de San Antonio Organizadas para el Servicio Público (COPS por sus siglas en inglés) jugó un papel clave en trasformar el modelo organizativo de Alinsky para enraizarlo más profundamente en las congregaciones locales y la fe de sus miembros. El organizador Ernie Cortés trabajó con líderes laicos y sacerdotes para establecer COPS en las parroquias católicas mexicanas en los vecindarios de clases trabajadoras.

Los miembros de COPS aprendieron del modelo de organización de Alinsky, pero como católicos hispanos, también llenaron el estilo de organización de Alinsky con la fe de sus líderes: los feligreses que percibían su activismo como extensión de su compromiso con Dios, iglesia, familia y vecindario. El enfoque de COPS de construir una organización comunitaria sobre la base de congregaciones y líderes religiosos ha sido adaptada y desarrollada de diversas maneras en organizaciones religiosas comunitarias, que ahora son un total de unas 160 organizaciones y existen en todos los estados.

  1. Un creciente número de hispanos está en proceso de canonización.

Como la población hispana católica más amplia, los que están en proceso de canonización incluyen a inmigrantes e hispanos nacidos en Estados Unidos.

El papa Juan Pablo II beatificó a Carlos Manuel Rodríguez Santiago (1918-1963) en 2001, avanzándolo a la fase final antes de la canonización. El beato Charlie es conocido en su Puerto Rico natal por su virtud, su amor por la liturgia, su traducción de ritos católicos al español y su compromiso de enseñar los sacramentos a otros, y especialmente la eucaristía. Es la primera persona laica de un territorio de Estados Unidos en ser beatificado.

El P. Félix Varela y Morales (1788-1853) se encuentra entre los declarados venerables, el paso anterior antes de la beatificación en el proceso de canonización. Cuando el régimen español lo condenó a muerte en 1923 por su apoyo a la independencia cubana, huyó a Nueva York y trabajó como párroco y por último fue nombrado vicario general diocesano. Es reconocido como precursos del pensamiento independentista cubano y por su servicio pastoral en Nueva York.

El obispo Alphonse Gallegos (1931-1991) está en la primera fase del proceso de canonización. Nació en Albuquerque, Nuevo México, ingresó en los Agustinos Recoletos, y sirvió como obispo auxiliar en la diócesis de Sacramento, California, durante la última década de su vida. La causa fue abierta 14 años después de su trágica muerte en un accidente por un auto que lo atropelló cuando estaba tratando de empujar su vehículo estropeado.

Dos sacerdotes franciscanos, conocidos como fundadores de las misiones en el sudoeste colonial también están en proceso de canonización: el Beato Junípero Serra (1713-1784) por sus trabajos apostólicos en California y el Venerable Antonio Margil de Jesús (1657-1726) en Texas. Las causas de canonización de otros misioneros de España en territorios que ahora son parte de Estados Unidos también están abiertas, tales como la del jesuita P. Eusebio Kino (1645-1711) en Arizona, grupos de mártires franciscanos y jesuitas que iniciaron actividades misioneras respectivamente en lo que hoy son Georgia y Virginia, y el Beato Diego de Luis de San Vitores (1627-1672), jesuita en la isla de Guam.

 

  1. Los hispanos tienen el porcentaje más grande de católicos laicos en programas de formación y de liderazgo pastoral.

La mayor limitación para la comunidad católica hispana hoy día es la escasez de sacerdotes hispanos. De hecho, los hispanos están infra-representados en todas las categorías de liderazgo pastoral excepto en una: están sobre-representados entre los líderes laicos inscritos en este momento en programas de formación.

Mientras que los diáconos permanentes y sus esposas, los ministros laicos profesionales, religiosos y religiosas y sacerdotes no hispanos proporcionan un liderazgo vital—y la promoción de tales vocaciones sigue siendo urgente—los líderes laicos católicos de la base son la fuente más abundante para el ministerio hispano. Son el grueso del ministerio diario como catequistas, líderes de jóvenes, líderes de grupos de oración, recaudadores de fondos, organizadores comunitarios, directores espirituales, traductores, abogados de inmigrantes y mucho más. El proporcionar personal y fondos para la formación de estos líderes laicos hispanos es un desafío crucial en diócesis y parroquias de todo el país.

Otro desafío es ayudar a los hispanos que completan los programas de formación diocesanos a hacer la transición a responsabilidades diocesanas y parroquiales, e incluso abrirles caminos para que puedan abrazar otras vocaciones, ya sea como ministro laico en la iglesia, o diácono permanente.

A menudo el testimonio de los laicos católicos puede revitalizar la práctica de la fe entre sus compañeros más eficazmente que la enseñanza de un sacerdote, diácono o ministro laico eclesial. Tanto si es en preparación sacramental, grupos de evangelización, movimientos apostólicos, pequeñas comunidades de fe, ministerios juveniles, escuelas católicas y otras cosas, los párrocos y el personal parroquial tienen la oportunidad magnífica de implicar a líderes hispanos laicos que son la mayor fuerza para hacer avanzar la fe católica en nuestras comunidades parroquiales y en las circunstancias de la vida diaria.

  1. La presencia hispana está transformando la vida parroquial

El compromiso y los puros números de hispanos son factores importantes en lo que no es nada más ni nada menos que un cambio histórico en la institución central de la vida católica en Estados Unidos: la parroquia.

Hace un siglo, cuando el flujo de inmigrantes europeos estaba en su culmen, numerosas parroquias nacionales atendían a grupos culturales específicos. Hoy día, dado el descenso en el número de sacerdotes, las limitaciones económicas, y una diversidad étnica creciente, un mayor número de parroquias de Estados Unidos—alrededor de 30%, más de 5,000 en total—tienen grupos significativos de feligreses de al menos dos grupos lingüísticos o culturales. Los hispanos son una fuerza importante en la evolución por la que está pasando la parroquia católica de ser un enclave étnico a una congregación compartida o multicultural.

Desgraciadamente a menudo los distintos grupos de una parroquia existen aisladamente o incluso de manera conflictiva. Una mujer empezó a sentir que su iglesia “ya no era su iglesia” cuando aumentó el número de feligreses de habla española. Aún así, un peligro que se debe evitar al enfrentar tales preocupaciones es igualar la unidad con la uniformidad.

Cuando se mira en retrospectiva, se ve que la incorporación de católicos de ascendencia europea en parroquias de habla inglesa a lo largo de tres generaciones fue prudente, incluso si la mayoría al principio estaban segregados en parroquias nacionales.- Su integración gradual permitió tanto la práctica de su fe católica y la unidad étnica entre europeos.

La expectativa hoy es que los hispanos, incluso si son inmigrantes recientes, participen primordialmente, o incluso exclusivamente, en misas en inglés, por el bien de la unidad. Esto frecuentemente proporciona, en el mejor de los casos, una armonía superficial. En muchos casos, causa frustración, resentimiento y la opción hispana de votar con los pies y abandonar la participación en la vida parroquial católica.

Es más, tenemos que aprender que el construir la unidad en una congregación diversa no es simplemente un asunto de “tolerancia” o de “celebrar diferencias” como a menudo se imagina. Frecuentemente están en juego asuntos de cómo se toman las decisiones y quién las toma. Con intención o sin ella, incluso muchos líderes parroquiales que dan la bienvenida a sus hermanos y hermanas hispanos, comunican el mensaje de que los hispanos son los huéspedes y que los católicos de origen europeo son los “dueños” de la casa.

Mientras que la hospitalidad a los recién llegados es un primer paso esencial, los feligreses ya establecidos deben ir más allá de recibirlos en “nuestra” parroquia, a aceptarlos en el hogar de su propia iglesia. La experiencia de los hispanos y otros recién llegados a lo largo de la larga saga del catolicismo de Estados Unidos subraya que la casa de Dios no es santa porque todos sean bienvenidos. La casa de Dios es santa porque todos los bautizados pertenecen como miembros queridos del hogar.

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